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El poeta peruano César Vallejo (1892-1938), autor de ‘Trilce’ (192.

‘Trilce’, de César Vallejo, un siglo del poemario que rompe el tiempo, el idioma, la injusticia, el dolor, la vida…

En octubre de 1922 se publicó uno de los grandes y más innovadores poemas de la lengua española. El escritor peruano quiso renombrar casi todo desde las vanguardias, en versos que reclaman un lector activo. Recordamos su historia y poemas muy significativos

Choques continuos con la tradición poética para abrir caminos innovadores en la literatura. Pocos escritores como el peruano César Vallejo (1892-1938) han ido más allá del territorio conocido de la creación literaria abriendo trochas para crear, a medida que avanza con sus versos, un nuevo mundo que señala y nombra y renombra, a la vez que invita a los demás autores a seguir sus pasos radicales en predios desconocidos.

César Vallejo fue un poeta sin miedo y audaz que llamó a su conquista Trilce: 77 poemas en 121 páginas, en octubre 1922, con un libro de altura memorable, no tan reconocido como debiera. Trilce rompe con casi todo, desde el Tiempo hasta el idioma, en un clamor y denuncia de la injusticia y rostros del dolor en un juego que reclama la participación activa del lector. Trasciende la mera lectura y juego literario desde los primeros versos que empiezan así:

Quién hace tanta bulla y ni deja
Testar las islas que van quedando.

Un poco más de consideración
en cuanto será tarde, temprano,
y se aquilatará mejor
el guano, la simple calabrina tesórea
que brinda sin querer,
en el insular corazón,
salobre alcatraz, a cada hialóidea
grupada.

Un poco más de consideración,
y el mantillo líquido, seis de la tarde
DE LOS MÁS SOBERBIOS BEMOLES.

Y la península párase
por la espalda, abozaleada, impertérrita
en la línea mortal del equilibrio.

Hermético, hipnotizador, sonido de palabras en combinaciones que dan significados conocidos, a veces, pero las más deben ser intuidos, adivinados, pero siempre estimulantes ante el juego y desafío para quien se enfrenta a ellos.

César Vallejo conoció el pasado de la poesía, y admiró el reciente del modernismo, pero corrió dejándolo atrás en pos de un horizonte que se llamó vanguardia y que él trascendió. Es un eslabón entre los tiempos, pasado y futuro. Lo hizo enarbolado de un lenguaje que buscó lo edénico en la lexicografía, el estilo, la forma, la métrica que rompe y el fondo que desconcierta.

Su vida, entendida como vivencias, asoma de mil formas y máscaras en estos versos. Era el menor de once hermanos e iba para sacerdote. Se asomó en ese mundo, de ahí el conocimiento de vocabulario, ideas, conceptos religiosos, y, sobre todo, voces, tonos, ritmos de la Biblia, de la liturgia desde los púlpitos y en los salones. Un mundo que se enriqueció con sus estudios de Filosofía y Letras en la Universidad de Trujillo, y luego como maestro en la misma ciudad.

Dudas, preguntas, tormentos, inquietudes, testigo de tantas cosas sin poder hacer mucho.

Primera edición de ‘Trilce’, en octubre de 1922, de 77 poemas en 121 páginas.

En 1917 se fue a vivir a Lima. Allí trabajó en un colegio del que llegó a ser director, se enamoró de una joven en una relación tormentosa, perdió el trabajo, consiguió otro.

En 1918 publicó su primer poemario, Los heraldos negros, antesala del mundo por venir. Ese año murió su madre. En 1919 empezó a escribir los primeros versos que conformarían Trilce.

En 1920 volvió a Santiago de Chuco, donde al poco ocurrió un incendio y fue causado y encarcelado en la prisión de Trujillo donde permaneció 112 días. Sin dejar la escritura de sus poemas.

En octubre de 1922, los Talleres de la Penitenciaría de Lima publicaron Trilce: 121 versos y un prólogo de 16 páginas a cargo de su amigo Antenor Orrego. La portada llevaba sobre fondo gris un retrato de Vallejo hecho a lápiz por Víctor Morey Peña. Doscientos libros que no fueron comprendidos del todo, hasta que se hizo una edición en España en 1930, con prólogo de José Bergamín y un poema-salutación de Gerardo Diego.

Enigma, como la vida, eso es Trilce: preguntas, creación, soledad, incertidumbre, búsquedas, formas de decir, tiempo. Y tiempo es vida y muerte, formas de decir lo indecible, incertidumbre, soledad, creación, preguntas:

Tiempo Tiempo.
Mediodía estancado entre relentes.
Bomba aburrida del cuartel achica
tiempo tiempo tiempo tiempo.

Era Era.

Gallos cancionan escarbando en vano.
Boca del claro día que conjuga
era era era era.

Mañana Mañana.

El reposo caliente aún de ser.
Piensa el presente guárdame para
mañana mañana mañana mañana

Nombre Nombre.

¿Qué se llama cuanto heriza nos?
Se llama Lomismo que padece
nombre nombre nombre nombrE.

Es la voz de César Vallejo con choques continuos con la tradición poética para abrir caminos innovadores en la literatura.

Trilce como obra capital del español en una década prodigiosa de los años veinte del siglo XX para la creación artística que viene de la Primera Guerra Mundial y busca sacudirse de toda aquella ceniza, barro y sangre.

Radical es César Vallejo. Su vida y el entorno le reclaman una ruptura. Interpreta bien los nuevos gritos de libertad y lo individual renacidos tras la guerra. Rompe con las formas previsibles. Es un demiurgo que crea desde cero, desde el propio título del libro: Trilce. Abre el juego, la exploración de lo visible, lo pensado y lo sentido. De las incomprensiones del amor a las de la muerte que generan en él tristezas varias, desolaciones, angustias existenciales, preguntas metafísicas. Dolor, y en el trasfondo esperanza.

Este es el César Vallejo de Trilce que en el centenario de su primera edición suena igual de enigmático e hipnotizador que desgrana la vida y su misterio verso a verso:

VIII

Mañana esotro día, alguna
vez hallaría para el hifalto poder,
entrada eternal.

Mañana algún día,
sería la tienda chapada
con un par de pericardios, pareja
de carnívoros en celo.

Bien puede afincar todo eso.
Pero un mañana sin mañana,
entre los aros de que enviudemos,
margen de espejo habrá
donde traspasaré mi propio frente
hasta perder el eco
y quedar con el frente hacia la espalda.

XIII

Pienso en tu sexo.
Simplificado el corazón, pienso en tu sexo,
ante el hijar maduro del día.
Palpo el botón de dicha, está en sazón.
Y muere un sentimiento antiguo
degenerado en seso.

Pienso en tu sexo, surco más prolífico
y armonioso que el vientre de la Sombra,
aunque la Muerte concibe y pare
de Dios mismo.
Oh Conciencia,
pienso, sí, en el bruto libre
que goza donde quiere, donde puede.

Oh, escándalo de miel de los crepúsculos.
Oh estruendo mudo.

Odumodneurtse!

XXIX

Zumba el tedio enfrascado
bajo el momento improducido y caña.

Pasa una paralela a
ingrata línea quebrada de felicidad.
Me extraña cada firmeza, junto a esa agua
que se aleja, que ríe acero, calla.

Hilo retemplado, hilo, hilo binómico
¿por dónde romperás, nudo de guerra?

Acoraza este ecuador, Luna.

LIX

La esfera terrestre del amor
que rezagóse abajo, da vuelta
y vuelta sin parar segundo,
y nosotros estamos condenados a sufrir
como un centro su girar.

Pacifico inmóvil, vidrio, preñado
de todos los posibles.
Andes frío, inhumanable, puro.
Acaso. Acaso.

Gira la esfera en el pedernal del tiempo,
y se afila,
y se afila hasta querer perderse;
gira forjando, ante los desertados flancos,
aquel punto tan espantablemente conocido,
porque él ha gestado, vuelta
y vuelta,
el corralito consabido.

Centrífuga que sí, que sí,
que Sí,
que sí, que sí, que sí, que sí: NO!
Y me retiro hasta azular, y retrayéndome
endurezco, hasta apretarme el alma!

LXXIII

Ha triunfado otro ay. La verdad está allí.
Y quien tal actúa ¿no va a saber
amaestrar excelentes dijitígrados
para el ratón Sí …No … ?

Ha triunfado otro ay y contra nadie.
Oh exósmosis de agua químicamente pura.
Ah míos australes. Oh nuestros divinos.
Tengo pues derecho
a estar verde y contento y peligroso, y a ser
el cincel, miedo del bloque basto y vasto;
a meter la pata y a la risa.

Absurdo, sólo tú eres puro.
Absurdo, este exceso sólo ante ti se
suda de dorado placer.

LXXV

Estáis muertos.

Qué extraña manera de estarse muertos. Quienquiera diría no lo estáis. Pero, en verdad, estáis muertos, muertos.

Flotáis nadamente detrás de aquesa membrana que, péndula del zenit al nadir, viene y va de crepúsculo a crepúsculo, vibrando ante la sonora caja de una herida que a vosotros no os duele. Os digo, pues, que la vida está en el espejo, y que vosotros sois el original, la muerte.

Mientras la onda va, mientras la onda viene, cuán impunemente se está uno muerto. Sólo cuando las aguas se quebrantan en los bordes enfrentados y se doblan y doblan, entonces os transfiguráis y creyendo morir, percibís la sexta cuerda que ya no es vuestra.

Estáis muertos, no habiendo antes vivido jamás. Quienquiera diría que, no siendo ahora, en otro tiempo fuisteis. Pero, en verdad, vosotros sois los cadáveres de una vida que nunca fue. Triste destino el no haber sido sino muertos siempre. El ser hoja seca sin haber sido verde jamás. Orfandad de orfandades.

Y sinembargo, los muertos no son, no pueden ser cadáveres de una vida que todavía no han vivido. Ellos murieron siempre de vida.

Estáis muertos.

LXXVII

Graniza tánto, como para que yo recuerde
y acreciente las perlas
que he recogido del hocico mismo
de cada tempestad.

No se vaya a secar esta lluvia.
A menos que me fuese dado
caer ahora para ella, o que me enterrasen
mojado en el agua
que surtiera de todos los fuegos.

¿Hasta dónde me alcanzará esta lluvia?
Temo me quede con algún flanco seco;
temo que ella se vaya, sin haberme probado
en las sequías de increíbles cuerdas vocales,
por las que,
para dar armonía,
hay siempre que subir ¡nunca bajar!
¿No subimos acaso para abajo?

Canta, lluvia, en la costa aún sin mar!

César Vallejo después de escribir Trilce, donde rompe con casi todo, también rompió con su vida y viajó a Francia, a París, donde dos años después, en 1924, se publicaría el Manifiesto Surrealista, de André Bretón. Pero él ya había pasado por todo eso. Murió en París el 15 de abril de 1938.

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