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El escritor colombiano William Ospina (1954) autor de la novela ‘Guayacanal’, y el volumen ‘Ensayos’. /Foto cortesía Penguin Random House

William Ospina vuelve a la poesía y salda una deuda de amor: ‘Canción para los peces de la luna’

WMagazín publica en primicia un poema inédito del escritor colombiano tras su último poemario en 2018, en el año en que se cumplen cuatro décadas de su debut literario. Una obra de nueve cantos en la que comparte una experiencia íntima y dialoga con Dante Alighieri. El amor, su metamorfosis y su adiós, convertidos en un triunfo literario

“El poema es, si se quiere, el pago de una deuda de hace muchos años. Porque hay ciertas cosas que solo puede explicar la poesía”.

Son las palabras de William Ospina (72 años, Tolima, Colombia, 1954) sobre su retorno a la poesía con el poema Canción para los peces de la luna. Nueve cantos, en versos con gran influencia del endecasílabo, sobre el amor, su metamorfosis y su despedida: un adiós que apenas es un espejismo, quizás como el mismo amor verdadero, cuyo latido no cesa y aquí renace como un triunfo artístico. Es una emoción asombrada que no sabe del tiempo, que dialoga con el ser amado y con la naturaleza, concebida como un todo. Porque, parece decir el poeta, recogiendo la tradición lírica y filosófica, el amor genuino no fue, sino que es y será. Vive.

William Ospina, uno de los mejores y más completos escritores en español —poesía, ensayo y narrativa—, regresa en primicia con estos versos inéditos de aliento épico y narrativo en WMagazín. Lo hace después de su último libro, Sanzetti, de 2018, en una feliz coincidencia que conmemora los cuarenta años de su debut literario y poético con Hilo de arena, de 1986.

En Canción para los peces de la luna, Ospina no solo continúa, sino que profundiza, expande y depura las búsquedas de su obra anterior. Si en Sanzetti crea un autorretrato personal e intelectual, combinado con pasajes biográficos del mundo que le han dado su forma y con personajes de la cultura y las artes bajo el soplo de Dante Alighieri, en su nuevo poema comparte un acontecimiento íntimo, un hecho histórico protagonizado por el amor que recuerda que

“No puedes detener el río eterno,

Solo eres piedra en la que canta el agua”.

Y esa música suena en este poema largo, emotivo y simbólico que se despliega como una celebración: una procesión de imágenes y emociones en movimiento, donde cada verso no solo evoca, sino que guarda una historia en sí mismo, convirtiendo la obra en un árbol frondoso que se bifurca en múltiples sentidos.

William Ospina comparte su travesía por el misterio del amor con palabras que no solo describen y relatan, sino que crean mundos a partir de sentimientos que dialogan con la naturaleza y su universo que los acogen en su exuberancia.

Desvela el poder de este sentimiento y de la persona amada para trazar un destino, porque

“Ella había sido el viento de mis barcas”.

Y lo sigue siendo, como lo prueba este poema donde el amor es entendido como puerto de partida y de llegada.

Un sentimiento común a todos que va más allá de este y que es transversal e integrador, porque

“La belleza nos busca como un látigo”.

Si la mirada de Dante lo guía, los ecos de los Sonetos de William Shakespeare atraviesan su sensibilidad. Ospina tradujo los sonetos shakesperianos hace más de una década.

El escritor participará en la Feria Internacional del Libro de Bogotá (FILBo) el 26 de abril con la lectura del primer capítulo de su próximo libro sobre su país, visto desde la poesía de Porfirio Barba Jacob, titulado Colombia y su maldito poeta.

Es hora de escuchar cómo el poeta colombiano salda, de manera magistral, una deuda insomne: “Porque hay ciertas cosas que solo puede explicar la poesía”, y algunas, como el amor, solo pueden pagarse con ella, puedes leer el poema en pdf  AQUÍ o leerlo a continuación:

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CANCIÓN PARA LOS PECES DE LA LUNA

Por William Ospina

A Pilar Gómez Becquet

1.

Así cayó la noche de los cuervos,

Así se fueron yendo los veranos,

La tarde fue una herida de oro puro,

Lejos se dispersaron las bandadas.

Apareció de pronto entre los muelles

Como si el mar la hubiera despertado,

Conchas, corozos, sueños, evasivas,

Un dolor que llegó para quedarse.

 

El mar sabe gastar barcos y siglos,

Se iban los soles, ella se quedaba,

(Las azules raíces de las islas)

Y no se apagó nunca aquel relámpago.

Fue una canción más blanca que la luna,

La espada cruel que vino a separarnos,

Y por los desolados archipiélagos

Se perdió al fin con las sirenas blancas.

 

Olas de sal, el cielo almeja de oro,

Fue allí donde aprendimos a fugarnos,

Lo que más tarde nos quitó con ira

La vida apenas iba prodigándolo.

Hoy están juntos el adiós y el beso

Porque en el mismo pozo se abismaron,

Cuerpos desnudos que una rosa oculta,

Eclipses en los valles y en el alma.

 

Después un tren nos asomó en silencio

Al verde mar que te volvió mi hermana,

Ya olvidado el amor dormimos juntos

Y el mar rugía en el acantilado.

La soledad afantasmó los lirios,

El viento entraba por las catedrales,

Qué más pedirle al desbordado cielo

Sino que aquel espanto no acabara.

 

2.

 

Aunque quisieras no te lo diría,

Yo te veía dormir en los peñascos,

No había un futuro para aquellas sombras

En que te desnudaban mis miradas.

Con mieles de locura en la sonrisa

Venías del musgo de unas torres blancas,

Tus noches contagiaban el insomnio

Con un algo de brújula y de pájaro.

Yo me rendí, los prados se rendían,

Ya solo habló el idioma de las camias,

Ya nuestra infancia era una Roma en ruinas

Y Dios ya andaba por los arrabales.

 

3.

 

Niño y solo vagué por barrios sórdidos

Viendo arder el pecado en esos patios

Y unos incendios de ámbar y deseo

Me buscaban después como miradas.

¿Qué puerta abrir para pausar el miedo?

¿Cómo escapar de tanta oscura magia?

No nos tiene piedad el cielo espléndido.

La belleza nos busca como un látigo.

 

Y vamos solos dispersando sueños,

Nos dieron todo y no tomamos nada,

La luna no era más que una advertencia,

Las estrellas estaban en el alma.

Olas que lamen playas imposibles,

Pierdes tu luz tratando de explicarla,

No puedes detener el río eterno,

Solo eres piedra en la que canta el agua.

 

Pero aquella mañana el sueño vino

Y te llevó a la gruta del milagro,

Y todo fue a la vez secreto y breve

Y se callaron todas las palabras.

 

4.

 

Desde el fondo del tiempo vuelve siempre

Una raíz como un reptil dorado

Que enlaza lo que arraiga y lo que huye

Y hace hablar a las tumbas con los pasos.

Al fondo de aquel valle oscurecido

Un caballo pequeño como un pájaro,

Donde un olor de musgos llena el cielo

Y los astros engañan a los magos.

 

El sol es la naranja más madura,

El tiempo es ese tren que nunca acaba,

Esqueletos de azúcar en las tumbas,

Cráneo rojo la luna en las cañadas.

Solo el oído sabe de los muertos,

Las noches están llenas de emboscadas,

Y el plomo que quedó en el muro frío

Después de un siglo llena la montaña.

 

¿Qué es lo que siembra el tiempo en cada tumba?

¿Puede haber puertas de una sola cara?

Todos tenemos sitio en esa fiesta,

Y después de ella nadie vuelve a casa.

Pero no hemos llegado a esos relojes,

El tiempo aquí se mide por relámpagos,

El bermellón de los amores muertos

Y algo infinito en cada día acaba.

 

Ya sé que no sabemos lo que somos,

Ya sé que ver el cielo es ver el alma,

Y está llena de rostros cada estrella

Y en la piel la memoria es inmediata.

Y somos un festín de dioses muertos

Que otra vez se equivocan y se embriagan,

Lo único inaccesible es el presente,

Está más cerca Heráclito que el agua.

 

Y cuanto más te explicas más te callas,

Alguien se fue de aquellos ojos claros,

El abismo y el reino que te dieron

Murió bajo el silencio de unos párpados.

 

5.

 

Su rostro era una máscara impasible

Cuando volví después buscando el arca,

Para ella habían pasado largos siglos,

Para mí solo un día había pasado.

Y yo era el alfarero de ese rostro

Y ella había sido el viento de mis barcas,

Solo nos pudo encadenar la ausencia

Y ahora estaba en todas mis palabras.

 

No fue para nosotros ese río

Que engendramos con piedras y con lágrimas,

Pero en el fondo limpio de la luna

Sé que cada quien sabe lo que sabe.

 

6.

 

Aquel faro en las islas bajo un soplo

De bestiales canciones de piratas,

Donde la curva luna y los cangrejos

Cruzan por los escombros de los barcos.

Tedio ciego de arena de las dársenas,

Y el vino griego de los bulevares,

El zarpazo insidioso del otoño,

Las estrellas que hablaban con los gatos,

Un rey de piedra lleno de reproches

La torre, el sauce, el hijo de las barcas

Y la embrujada orilla de aquel río

Y el caracol de música en las ramas.

 

Fui una hoja en el bosque de tu pecho,

Me alimentaba de tu miel rosada,

Yo era una rama rota en las orillas

Pero en mi soledad sólo tú estabas.

Y había sombras de sombras de otra sombra,

Cielos de hierro muertos en las charcas,

Y, a temprana traición lealtad tardía,

Un libro cruel y una muchacha en llamas.

 

¿No oíste hablar alguna vez al viento?

¿No te contó el secreto alguna playa?

Solo había dos seres en el mundo,

Solo dos corazones palpitaban.

Cada quien daba al cielo media luna,

Medio sueño a la noche, media calma.

 

7.

 

Ya llena el mundo que antes era ajeno

La ceniza tenaz de lo que amamos,

Y veremos llegar la última diosa

Con la infancia perpleja en la mirada.

Siempre está a punto de nacer la luna,

Ya llega el dios que va a inventar el agua,

En el fondo del lago verde y vivo

La serpiente dialoga con el rayo.

 

Abajo están los peces de la luna,

Las estrellas maduran en las ramas,

Tu vientre ya germina en el desierto,

Tu risa nace en unas piedras blancas.

¿Y en qué yunque forjaron las traiciones?

¿Y en qué telar tejieron la esperanza?

¿Quién talló los diamantes de la angustia?

¿Con qué azogue pulieron las miradas?

 

Y lo que vi en el fondo de tus ojos

En esas quietas tardes que te alarman

Son los mágicos bosques presentidos

Donde hace tantos siglos me esperabas.

Qué mudos fuimos para tanta urgencia,

Solo en silencio nos acompañamos,

Mundos después me contarás tu infancia,

Y al fin podrás decirme que me amabas.

 

8.

 

Ya están llamando todos los caminos,

Ya se llenó de miel la luna clara,

Dejó marcas la noche en los recodos,

Hallarás solo lo que no buscabas.

Temprano subió el mar a la montaña,

Soltó reyes desnudos en los páramos,

Vientos de sangre los llevaron lejos

Donde el hielo quemó los tulipanes.

Yo te debí buscar bajo las ceibas

En la canción de los oscuros barrios,

Cuando ya nos cercaban los incendios

Que iban mordiendo los cañaverales.

 

Y herida por la punta de la estrella

De un hospital que nunca se apagaba,

La niña que ahora lleva el rostro tuyo

Ya no podrá escapar de la luz blanca.

Si entras como una hiedra en mi recuerdo,

No quiero verte donde nunca estabas,

En torno a la terraza el barrio gira,

El sol se hundió, los muertos se levantan.

 

El cuerpo va con su fantasma a cuestas,

Ninguna lengua sabe lo que calla,

La muerte que perfuma las maderas,

Nos dobla al fin frente a su puerta en llamas.

Vete a cantar tus tangos junto al río,

Llena de selva el patio congelado,

Muere en el suelo de cristal y agujas,

Busca en el lobo el corazón tatuado.

Pero te cuento lo que no recuerdas

Porque lo vi para que lo miraras,

Ya me cansé de ser tus ojos verdes,

Y de beberme el mar con tu mirada.

 

9.

 

En el jardín sin dioses donde duermes,

En la lluvia de peces donde aguardas,

En el agua de fiebre de los grillos

Que lleva la libélula en sus alas,

En el sordo rodar de los mameyes

Por las confusas selvas litorales,

En la tumba sin cruz de la escocesa

Y el mar que raya un faro ante el peñasco,

Y el jabalí que devoró las rosas

Y en el viento que teje madrigales.

En el risco de casas sobre el vértigo,

Y en la ciudad que es como un nido de águilas,

Y en los negros espejos de los viudos

Donde se van muriendo los veranos,

En la ventana estrecha donde el muerto

Fue perdiendo sus barrios y sus astros.

En la simiente azul de los leones,

En la puerta de adioses de las lanzas,

En esas salas con su luz de estaño

Donde ellos tiemblan con sus batas blancas,

Y en el desierto de la hermosa muerte

Que es la piedra menor de la pirámide,

En la luna que asedian los murciélagos,

En la barca solar que ha de llevarnos.

Y en la barcaza de los niños indios

Con capibaras y con guacamayas,

Por todas partes te ofrecí en silencio

Lo que mi corazón no supo darte,

Porque un fantasma se bebió los besos

Y un yermo rojo se robó las lágrimas.

 

2026

Puedes leerlo en pdf AQUÍ.

Análisis y ecos del poema

Dasso Saldívar, autor de García Márquez. El Viaje a la semilla, una biografía canónica del Nobel de Literatura colombiano, explica que este “milagro” poético de Ospina ya había ocurrido en su poema Dante, en el volumen de Sanzetti: “Donde el lector no suele reparar en las hazañas poéticas porque las está viviendo, sintiendo y respirando mientras las lee, es decir, porque la lectura es ya la ocurrencia del poema en su mente, en su emoción”.

Lo primero que le “maravilló” a Saldivar de Dante, “aparte de la hechura y la música impecables, es que en el primer verso resucita a Dante, y lo vemos y lo escuchamos y, sobre todo, lo sentimos. En el segundo verso Dante invoca a Beatriz Portinari de modo tácito y la resucita en cierta forma”.

Con los dos personajes principales de la vida y la obra del artista, al oído y a la emoción, Saldívar señala que Ospina “va tejiendo en este breve poema de forma sucinta, visual y potente, su desventurada vida, marcada por una relación imposible y cómo esta derrota del amor se transforma en una de las más espléndidas obras poéticas de la humanidad».

William Ospina, continúa Saldívar, “ha sabido verbalizar, darle acción al sujeto poético desde un primer momento. En esta larga y conmovedora canción ha ido más lejos: no solo el poeta, el hacedor de esos versos, se despliega en el devenir poético, sino que todos los escenarios y las cosas del cosmos natural y del cosmos doméstico entran en el devenir, en la acción poética que se despliega en el tiempo vertical e intenso de la poesía”.

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CANCIÓN PARA LOS PECES DE LA LUNA, formato de colección

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Winston Manrique Sabogal

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